¿Dónde está el reloj pulsera
de los soldados muertos?
Cuando se detuvieron,
en aquella oscuridad,
sus dueños disparaban al miedo.
Ellos solamente conocían los perfumes
del opio y de los puertos.
¿Quién puso la hora
a tantos duelos ?
© Arturo Joaquín
¿Dónde está el reloj pulsera
de los soldados muertos?
Cuando se detuvieron,
en aquella oscuridad,
sus dueños disparaban al miedo.
Ellos solamente conocían los perfumes
del opio y de los puertos.
¿Quién puso la hora
a tantos duelos ?
© Arturo Joaquín
Tras la negrura y la herrumbre de esta ciudad, la luz se pudre al otro lado del horizonte, inalcanzable. Las calles son un cementerio de biografías que a nadie interesan, de vidas que fueron. Las ventanas han echado el cierre. No esperan el azar de una revuelta, solo...
Carta a un Cronopio de Sangre Leopoldo, Leopoldo María, joven y eterno difunto: Me llega, al fin, tu silencio definitivo, el que ya no es pose ni teatro, el que no necesita cocacolas ni barrotes para ser real. Acá, donde la muerte es solo otra forma de perder las...
Huyo de la piel que se deshace mi cuerpo es un festín de llagas una verdad sin sepulcro. La herrumbre de la armadura como el viejo desecho de Dios. Una lápida sin fecha que no conoce la mosca voladora sobre el inútil glande de Ezra Pound. Soy la rata...
Tremendo poema Arturo. Muy logrado.