El pan de la mañana huele a bostezo.
La cuerda frotada del violín
desconociendo las aristas,
me nombra.
Las campanillas hielan el sonido.
Escarcha.
Sin sol.
La sangre suena oscura en nuestras venas.
Tañen.
En la cocina el café se enfría,
Tu calma es un cuchillo
que atraviesa, Arvo, tu música.
La palabra es un martillo,
la paz es el hueso que se quiebra
por miedo.
No es un rezo lo que busco
en el tintineo de tu campana.
La sangre, Arvo, es un lodo lento que busca el río.
Ojalá el Silencio encuentre en ti su réplica
y halles el descanso en la belleza
que nunca pudiste retener.
(*) “Espejo frente a espejo” Arvo Pärt
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