Soy cajera. No virgen. No santa. No muda. Cajera del supermercado donde los sueños caducan a las 23:59 y los deseos tienen código de barras. Me gustaba hablar hablaba por los codos. La jefa me ordenó: ¡Solo repite las promociones! Me volví el Eco en el altavoz. Lo vi mirarse en el frío del expositor. Narciso ensimismado entre los yogures, esperando su promoción: caducó mirándose, como si el tiempo fuera un artículo de saldo. (Lectura de Tere Ferreiro)
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