En medio de la quietud, busca algo simple: lograr que el poema sea una sola puerta y un pasillo.
Quiere que sus versos miren una sola cosa y que, al hacerlo, él pueda verse a sí mismo.
No hace falta más. Una imagen sencilla y precisa será suficiente.
Basta con esa única luz para atravesar todo lo demás: el hielo, la niebla, la sangre y el silencio.
Para sostener la herida, la sombra, la orilla, el fuego y la ceniza.
Para nombrar la memoria y soportar la ausencia.
Ha estado sentado demasiado tiempo; es hora de cruzar esa puerta
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