Inicio 9 Relatos 9 Aquí hay gato encerrao

Aquí hay gato encerrao

Publicado el 26 de diciembre de 2015

Aquel sábado tenía invitados. Ya de buena mañana había conseguido una lubina salvaje de tres kilos y medio.

Sobre la bandeja de horno, colocó las patatas cortadas en rodajas finas, la cebolla, el pimiento y el tomate pelado, regados con un buen chorro de aceite y un vaso de vino blanco.

Después de salpimentar el pescado lo colocó sobre las verduras. El brillo de las escamas y un reluciente ojo se mostraban entre el escurridizo líquido.

Al llegar los primeros invitados aún quedaba tiempo para pasarlo por el horno, con diez minutos a doscientos estaría listo. Estaban muy contentos por el reencuentro. Entre los saludos, no has cambiado nada, no podemos dejar pasar tanto tiempo sin vernos, propuso hacer el vermut.

En la sala las conversaciones se cruzaban, todos estaban con todos satisfechos y ocurrentes.

Pasado un buen rato se escuchó el grito de la anfitriona desde la cocina. Los invitados, al entrar, la vieron gesticular señalando la bandeja que solo mostraba un absurdo empedrado vegetal. En su rincón sesteaba el orondo gato.

Aunque la cosa estaba clara, alguien propuso pesar al “minino” para saber a qué atenerse y trajo la báscula del baño. Exactamente, tres kilos y medio.

Descubrieron dónde estaba el pescado. Pero ¿dónde estará el gato?

 

 

© Texto de Arturo Joaquín

2 Comentarios

  1. Juan Stons

    Muy sabroso texto (lubina al horno) con un desenlace fatal para casi todos los comensales jjaja, Desenlace matemáticamente enigmático… ¿A dónde habría ido a parar el gato?… Se me ocurre pensar q posiblemente fuera el archiconocido gato de schrodinger (el famoso gato cuántico)…. Muy buen relato, fresco y ocurrente

    Responder
  2. Palabras de Arturo

    Juan, desconocía la paradoja del gato de Schrödinger que muestra lo desconcertante que es el mundo de la física cuántica. Consultada la Wiki me voy a permitir resumirla para aquellas personas que tampoco la conozcan.
    En el experimento mental propuesto por el Nobel austriaco Schrödinger en 1935 Imaginemos un gato dentro de una caja completamente opaca, en cuyo interior se instala un mecanismo que une un detector de electrones a un martillo y justo debajo del martillo, un frasco de cristal con una dosis de gas letal para el gato.
    Si el detector capta un electrón activará el mecanismo, haciendo que el martillo caiga y rompa el frasco.
    Se dispara un electrón. Por lógica, pueden suceder dos cosas.
    Puede que el detector capte el electrón y active el mecanismo. Al abrir la caja el gato estará muerto. O puede que el electrón tome otro camino y el detector no lo capte, el mecanismo no se activará, el frasco no se romperá y el gato continuará vivo. Al abrir la caja el gato estará sano y salvo.
    El electrón es onda y partícula y dependiendo de como se comporte el gato aparecerá vivo ó muerto.
    Mientras no abramos la caja el gato estará vivo y muerto.

    Juan … se una cosa más. Gracias.

    Responder

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Te puede interesar

Y dale a enviar ya …

Naufragio ¡Y dale a enviar ya!  Gritó el capitán desde el cuadro de mandos. Sobre la cubierta el patrón se desgañitaba ¡Arriad el foque! ¡Cuidado, el bauprés! ¡Orzad a estribor! La tormenta arreciaba y cuando un definitivo golpe de mar volcó al velero, alguien  pedía...

Para qué demonios sirve saber que se llaman coleópteros …

La Metamorfosis Para qué demonios sirve saber que se llaman coleópteros, ¡carcoma! ¡carcoma! Los malditos bichos estaban acabando con la casa en la que había invertido todos sus ahorros, con la que pensaba dar el cambio definitivo a su vida y que, por su culpa, se le...

Mañana podrá comprarle sus malditos cuadernos …

Nota de mi diario Mañana podrá comprarle sus malditos cuadernos, mi ex.  Pero no se cuantos puede necesitar. Anoche bebí demasiado.Tener un adolescente en casa, si que es una droga dura. ¿Para que puede quererlos? No me trago que se los haya pedido la de lengua. Él...