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Y dale a enviar ya …

Publicado el 13 de junio de 2024

Naufragio

¡Y dale a enviar ya!  Gritó el capitán desde el cuadro de mandos. Sobre la cubierta el patrón se desgañitaba ¡Arriad el foque! ¡Cuidado, el bauprés! ¡Orzad a estribor! La tormenta arreciaba y cuando un definitivo golpe de mar volcó al velero, alguien  pedía un diccionario… un diccionario. Era la suplica de alguien que arrastrado por las olas se había aferrado a un baúl, donde pudo encontrar el maldito libro. Buscó su voz. Al fin y al cabo, se sentía “alguien”, como pronombre indefinido para designar a una persona, cuya identidad no interesa precisar. 

 

© Texto de Arturo Joaquin

 

 

2 Comentarios

  1. Escuela de Escritores

    Hola, Arturo Joaquín. Acabas de participar en Relatos en Cadena, concurso de microrrelatos que organizamos con la Cadena SER.

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  2. Alberto Moreno / Emilio Mahugo /José Ignacio Domingo

    Ganador: “Todo es según el cristal con que se lee”,
    de Alberto Moreno Sánchez-Izquierdo

    Y dale a enviar ya —escribe Romeo17—, quiero ver tu foto desnuda.
    No —responde Julieta15—, prefiero que nos conozcamos en persona.
    Pero… ¿y tus padres?
    Tranquilo, mis padres me dejan. Dime hora y sitio.
    Romeo17, como la mayoría habréis adivinado, en realidad es Eduardo, y tiene 52. Y quedarán, como muchos deseáis, en un parque solitario, oscuro, donde intentará forzarla. Sí, sí, reconoced que algunos (pocos, pero algunos) incluso anheláis que lo consiga.
    Aunque sucederá lo que pocos (muy pocos) intuisteis desde el principio: que Julieta15 en realidad es Julia, de 32 años, policía, cinturón negro de kárate, y mucha, muchísima mala hostia.

    Finalista: “Daltónico a los mandos”,
    de Emilio Mahugo Serrano

    —¡Y dale a enviar ya!
    Obedeció la orden con la profesionalidad que le habían inculcado durante los años de entrenamiento. Nada más apretar el botón una sacudida azotó la nave. Por un instante esta gritó como si le desgarraran el alma. Después un silencio infinito se apoderó del ambiente. De nuevo el zumbido de los motores se adueñó de la situación. El superior se abalanzó sobre él.
    —Idiota, ¿qué botón has apretado?
    —El rojo, señor.
    —Era el azul, el azul. Nos has enviado a nosotros, no a la mercancía.
    —¿Dónde?
    —Al crematorio, imbécil, al crematorio.

    Finalista: “El algoritmo definitivo”,
    de José Ignacio Domingo Regidor

    Y dale a enviar ya, algo te responderá, nos decíamos al principio. Entonces era como un juego. Ahora no hay tiempo para un comienzo romántico, encariñarse, discutir y una dulce reconciliación; cada dos días el algoritmo te encuentra otra pareja ideal y te organiza la mudanza. Ellas no parecen muy afectadas, cuando me marcho me observan muy serenas desde su sofá, como si entraran en un extraño modo de letargo para sobrellevar mejor el mal trago. A pesar de todo, los periódicos dicen que la natalidad va como un tiro, y yo que había llegado a pensar que sería el último humano sobre la Tierra.

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