El mar no tiene suelo para el baile,
la marea borra mi llanto;
no hay caricias para un náufrago.
La sal quema
lo que tiene que quemar.
Redobla el pulso, el cuerpo
rendido a la marea
le roba el miedo a las olas.
A título de inventario:
victorias de uso único,
domingos vencidos por el lunes,
las zapatillas de baile.
Morder el aire, bracear,
no hundirse.
(Leído por Ramón Nieto)
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