Si, va a ser este día de chubascos y frío como el de César Vallejo en París. Ese día en que los taxistas no den el cambio en monedas y que nuestro crédito sea de plástico. Ese día en que los charcos no reflejen juegos de niños sino a las abuelas volando buscando los inviernos de antes. Será un día de semáforos tristes, de miradas mudas, donde el agua limpie las prisas del asfalto pero no logre borrar el rastro de la duda. Y nos quedaremos quietos en los portales, esperando que el plástico vuelva a ser arena, y que un jueves cualquiera, en mitad del frío, la lluvia nos devuelva lo que valió la pena.
Siete crónicas siete
I. Lo que vuelve Un plátano sobre la mesa, el vaso de agua y el silencio de una casa sin horarios me dan la bienvenida. A mis setenta y seis años, la urgencia ya no la dicta el despertador, sino el ritmo en la piscina donde el envejecimiento se ejercita flotando....
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