Una caricia, el pulso quieto
asoma en la almohada.
En la mirada de la vela apagada,
la cera huele
a jabón de tocador.
La huella del vaso empaña el cristal,
arrodilla su resaca la mañana.
La sed de la vigilia guarda el secreto
del primer cigarrillo.
Gesto sin artificio,
boca abierta sin palabra,
anhelo el tacto torpe
la realidad del despertador
y tu piel dormida
bajo la arruga del pijama.
0 comentarios