Inicio 9 Relatos 9 Blow up!

Blow up!

Publicado el 5 de septiembre de 2013

Vivo en una urbanización de las afueras. Un tren de cercanías me lleva hasta el centro, donde tengo mi despacho. Es la hora temprana de una mañana de verano, en la estación se cruzan gentes de fiesta con trabajadores.
Dentro del vagón me veo reflejado sobre el vidrio en la pared del fondo, mi corta barba, mi blanca camisa, mi oscura chaqueta y la mirada al acecho, últimamente tengo la manía de sacar fotos furtivas.

Un estertor de agonía se impone al traqueteo. Alguien activa una alarma. Cuando desciendo, desde el andén veo cómo sacan a un hombre joven que sangra por el costado. Por su mueca asoma la muerte.

Atardecer rojo. El vagón está casi vacío, reviso las fotos del móvil y me encuentro otra vez el rostro de aquel muchacho. Sobre la pantalla amplío su entorno, descubro una mano de mujer que le clava un estilete, lleva una sortija. Aumento el encuadre sobre el sello y distingo en él una araña, es la viuda negra.

Ya en casa mientras converso con mi mujer, me acerca un gintonic. Cuando observo su nueva sortija no puedo evitar un escalofrío.

2 Comentarios

  1. Unknown

    La verdad, si que es escalofriante el pensar que puedes estar viviendo con una asesina…, un abrazo

    Responder

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Te puede interesar

El primer borrón

Escribir un poema es todavía este rastro espeso, oficio de dedos manchados e incertidumbre. Hay una dignidad casi animal en el trazo negro que no engaña. El gel tiembla en la libreta antes de ser geometría en la pantalla. No es solo tinta. Es el peso de un domingo por...

El sagrado vicio

Existe un lugar fuera de los mapas, un rincón de la memoria donde el tiempo se detiene. Alivio o condena saber que para volver debemos esperar, en el destierro, un país secreto que solo vive al cerrar los ojos. Al despertar en esta luz madura de la tarde, cuando el...

Setenta y seis años más un día

Va a ser ese día frío y chubascoso como el de César Vallejo en París. Ese día en que los taxistas  no den el cambio en monedas y que nuestro crédito  sea de plástico. Ese día en que los charcos no reflejen juegos de niños sino a las abuelas volando buscando los...