Inicio 9 Relatos 9 Con una piruleta como único consuelo …

Con una piruleta como único consuelo …

Publicado el 15 de mayo de 2024

El único consuelo

Con una piruleta como único consuelo, la bicicleta destrozada a su lado, sentado al borde de la carretera, suspiraba, dolorido pero feliz. Una sonrisa maliciosa comenzó a dibujarse en su rostro.

No podía quejarse, lo había dado todo. Su trabajo estaba hecho. Solo faltaba el remate.

La lluvia empezaba a caer. Saboreó el dulzor de la fresa y recordó sus propias palabras: “Si me caigo no me esperes, me levanto y te alcanzo”.

La carrera había terminado para él. Recordando al niño que le había regalado la piruleta, su sonrisa se volvió más amable. Ahora solo le quedaba encargarse del perro malherido.

© Texto de Milio el del Nido & Arturo Joaquín

Después del baile

Con una piruleta como único consuelo, se dieron por satisfechos. Podían compartirla. El baile había terminado y las estrellas apagaban los farolillos de la verbena. Cuando ella cambió los zapatos de tacón por unos bajos, le pidió que la acompañara hasta su casa, en la cimera del pueblo.

Por el mismo camino que los llevó a la escuela, el bosque los abrazó  y les mostró dónde ocupar lo oscuro. Jugaron como niños sobre el túmulo de su infancia. Y entre los susurros del agua, dónde el musgo se hacía curvo, encontraron un tacto nuevo.

©  Texto de Arturo Joaquín

 

4 Comentarios

  1. Escuela de Escritores

    Hola, Arturo Joaquín. Acabas de participar en Relatos en Cadena, concurso de microrrelatos que organizamos con la Cadena SER (Semana 28)

    Responder
  2. Jesús Montoro Louvier

    Finalista: “Je t’aime”
    Con una piruleta como único consuelo, volví a casa. Al menos tenía forma de corazón. Quizá aquello fuera una sutil indirecta de mi querida Sophie. La había conocido meses atrás, y desde entonces, desde la primera vez que pronunció mi nombre con ese acento suyo tan peculiar, me tenía en un permanente sinvivir. Debía aprovechar cualquier oportunidad para declararme. Así que, cuando nos fue nombrando para darnos las notas del primer trimestre de francés, no pude evitar decirle en alto: «¡Je t´aime, ma chère Sophie!». A lo que ella respondió, entre las risas de mis compañeros, con un diez en pronunciación y un corazón de caramelo.

    Responder
  3. Abel Melero Brey

    Finalista: “Obreros irradiados”
    Con una piruleta como único consuelo. Así me mandaron a la superficie después de inyectarme una aguja en el cuello del tamaño de un dedo. Con sólo diez años me obligaron a unirme al equipo de reconstrucción. Supuestamente, la sustancia nos protegería de la radiación durante una década. Mi esperanza de vida era de veinte años. Y todo para que cuando la radiación alcanzara niveles inocuos, las familias escogidas, aparentemente al azar, pudieran repoblar el planeta con las mayores comodidades.
    Lo que ignoran ahí abajo es que la radiación nos ha transformado. Somos más fuertes y longevos. Ahora, la superficie pertenece a una nueva raza superior.

    Responder
  4. Alberto Moreno Sánchez-Izquierdo

    GANADOR: “Culpa”
    Con una piruleta como único consuelo, Emmanuel espera a su hermana luchando contra la oscuridad del parque. Es raro, aunque no imposible, encontrar de madrugada a un niño solitario. Emmanuel a veces cierra los ojos para esquivar la terrorífica mirada de la luna. O imagina que ya ha amanecido, y está en el colegio.
    No es imposible hallar a un niño de madrugada, asustado, aguardando a su hermana mayor. A que vuelva ya de ese coche aparcado al que subió. Lo raro (y descorazonador) es que ella, al regresar, en lugar de abrazarlo, solo le diga, con voz seca, que mañana podrá comprarle sus malditos cuadernos.

    Responder

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Te puede interesar

Farenheit 451

Tras la negrura y la herrumbre de esta ciudad, la luz se pudre al otro lado del horizonte, inalcanzable. Las calles son un cementerio de biografías que a nadie interesan, de vidas que fueron. Las ventanas han echado el cierre. No esperan el azar de una revuelta, solo...

Carta a un cronopio

Carta a un Cronopio de Sangre Leopoldo, Leopoldo María, joven y eterno difunto: Me llega, al fin, tu silencio definitivo, el que ya no es pose ni teatro, el que no  necesita cocacolas ni barrotes para ser real. Acá, donde la muerte es solo otra forma de perder las...

Cuerpo sin sombra

Huyo de la piel que se deshace mi cuerpo es un festín de llagas una verdad sin sepulcro. La herrumbre de la armadura como el viejo desecho de Dios.   Una lápida sin fecha  que no conoce la mosca voladora sobre el inútil glande de Ezra Pound.   Soy la rata...