En un pliegue gris, la vocación de la bruma
borra el frente, donde el cielo se rompe
en un naufragio amargo. La sal
muerde la piedra, el oleaje entrega
su osamenta.
Gira el vórtice, una marejada
de tinta que empuja
la persistencia de la orilla, esa franja
donde la memoria del agua sostiene, a duras penas,
la violencia con que el mar se desploma.
Memoria del estallido. La inmersión
no busca la oscuridad sino la claridad
que se congela en la retina.
Queda un impulso
azul apuntalando el aire, una cicatriz
de luz que corta el cuadro.
Detrás del escalofrío cede la marea del pulso,
se agita la arena que sube, desmelenada
y ancha. En el umbral del azul la mirada
se detiene:
el mar que se sostiene, es un peso vivo.
PD: Estos versos fueron creados por Arturo Joaquín, con motivo de la inauguración de la exposición “La Poesía y la Mar” de Guillermo Simón, celebrada en la sala Evaristo Arce en Villaviciosa, el 8 de julio de 2026. El poema no describe la pintura desde fuera; sino que se funde con ella: doce de los veintiocho títulos de la exposición de la muestra dejan de ser meras etiquetas en la pared para integrarse en el tejido vivo de los versos. La lectura del poema la ha realizado Alvaro Cuesta.
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