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Lugares y objetos

Publicado el 4 de septiembre de 2025

Sin decir palabra

(A Dersu Uzala y a Juan Carlos del Campo)

El día comienza
los cazadores regresan
en descenso:
tres figuras dobladas
como puntos y coma,
sus perros resignados
no traen nada.
El humo se curva
sobre los tejados
como si recordara
otro idioma.
Abajo en el valle
la ciudad parece
un dibujo sobre lino
un juego de costuras.

La nieve cae sin urgencia
los patinadores juegan
ajenos a la caza
al hambre
a la exactitud del frío.
Más allá los Alpes
recortan el horizonte
el abismo se pliega
lejano
inalcanzable
como un paraíso olvidado.
Nadie los cruza
ni los cazadores ni los perros
ni la vida misma
todo regresa
a la tierra plana.
Buscando un renacer,
no desde la cima
sino desde este descanso
entre hojas heladas
entre casas humeantes
con los perros flacos
que aún nos siguen.
Hay algo limpio en ese hielo
algo quieto
como si el mundo
pudiera sin decir palabra
comenzar de nuevo. 



A media tarde

 

Cuando fumaba
dejaba mi cigarrillo
sobre aquel cenicero.
Me gustaba ver el humo
trepar por la luz
amarilla de la tarde,
en espirales azuladas.
Me gustaba oír
cómo las conversaciones
se volvían ceniza,
dejando su rastro
en el cenicero y en mí.
Hace tiempo que no fumo.
Cada invierno, a media tarde
mi tos conversa
con el silencio.



 

© Versos de Arturo Joaquín

3 Comentarios

  1. Justificación poética

    El poema “Sin decir palabra” corresponde al ejercicio 14 del Laboratorio de Poesía, “Los objetos y los lugares”.
Mi intención ha sido recrearme, salvando las distancias, en el espíritu del poema Poem, de Elizabeth Bishop, publicado en Geography III en 1976.
    El lugar que elegí es una pintura que siempre me ha resultado sugerente: Los cazadores en la nieve (1565), de Pieter Brueghel el Viejo. En ella se ve el invierno: los cazadores, sus perros, los árboles alineados, y un paisaje que se abre hacia el fondo.
Brueghel no pintaba directamente del natural, sino que tomaba apuntes durante sus viajes, desde los Países Bajos hasta Italia, y luego, ya en su taller, pintaba de memoria. Eso hacía que no representara el invierno tal como lo vivió, sino tal como lo recordaba. Ese esfuerzo de pintar desde la memoria, no desde la presencia, me conectó con Elizabeth Bishop.
    Ella “pinta/escribe” desde una mirada casi narrativa, pero cargada de resonancia interior. Me interesa cómo logra que un lugar o una escena aparentemente simple se transforme en algo que toca lo profundo: la identidad, el tiempo, la extrañeza, la pertenencia.
    Mi poema intenta seguir ese camino. El yo poético es un testigo silencioso del mundo que cae y sigue, que encuentra belleza en lo que no dice palabra. Como si se tratara de una crónica que, en lugar de narrar una historia, deja aparecer lo que se ve, lo que se siente, lo que queda. No hay argumento, pero sí un recorrido visual y emocional.
Hice las primeras versiones, con versos largos quedando muy cerca de la prosa poética. Posteriormente los he encabalgado para darle un ritmo más poético.
    El cierre deja una imagen de renacer: los perros flacos aún nos siguen, como si algo, a pesar del cansancio y del frío, estuviera a punto de comenzar. El final es una apertura. El, descenso una oportunidad de búsqueda.

    Responder
  2. Justificación poética

    El poema “A media tarde” corresponde al ejercicio 14 del Laboratorio de Poesía, “Los objetos y los lugares”.
    En este caso me he centrado en los objetos, con la intención de rescatar unos versos que había escrito en los años ochenta del siglo pasado evocando una sobremesa con el pintor asturiano Paulino Vicente (1900- 1990). Autor de una extensa obra de tipo costumbrista y realista, en la que destacan sus retratos, bodegones, y paisajes urbanos (especialmente de Oviedo).
    Cenizero escrito con z, es un guiño a la publicidad del vermout Cinzano que llevaban algunos ceniceros en aquél tiempo.

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  3. Milio

    Gústenme mucho los versos finales de Sin decir palabra. Esa visión de la posibilidad de un nuevu comienzo que abre caminos al futuro.

    Responder

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