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Mapa para un animal quieto

Publicado el 21 de julio de 2025

                                                  “La vida no tiene sentido, pero hay que darle uno” (Eugène Ionesco)

(Versión 0)

Todos se han ido.
El patio, quieto como la tapa
cerrada de un piano,
respira bajo su piel oscura.
Como un hipopótamo que duerme
con su cuerpo doblado
bajo la sombra.

El futuro no avanza,
apenas se mueve,
como un rinoceronte
que hunde sus patas
en el barro del tiempo.

Me hundo hasta las rodillas,
chapoteo en la ciénaga espesa,
como si al remover el fondo
pudiera cambiar el curso de algo.
Pero no llega nada,
solo la ausencia
de lo que espero.

El patio era pulso hecho de palabras.
Ahora huecos que laten
mientras el hipopótamo permanece
gris como una corteza
seca por la espera.
¿Crecerá su sombra?
¿Le brotará un cuerno?
O seguirá quieto, sumergido.

Dicen que sus ojos, cuando brillan,
puede verse temblar el tiempo.
Dicen que si hablas con respeto,
con la voz justa, puede hacer
que veas más allá.

El patio también lo sabe.
Respira despacio la tierra seca
como si esperara su llegada
desde siempre,
como si no fuera nuevo.

Y llegan azulados,
la sombra
el cuerno
el bufido:

el rinoceronte.











(Versión 1)

Todos se han ido. El patio, quieto, 
respira bajo su piel oscura,
Es un hipopótamo que duerme,
el cuerpo doblado bajo la sombra.
El futuro, un rinoceronte,
se hunde en el barro del tiempo. 
Me hundo en la ciénaga.
No llega nada, 
solo la ausencia de lo que espero.
El patio ahora es un hueco que late.
El hipopótamo, gris como una corteza, espera.
La sombra crece. El cuerno brota. 
O sigue quieto, sumergido.

En sus ojos brilla el tiempo.
Si le hablas, te hará ver más allá.
El patio, también respira despacio la tierra.
Es su llegada, la de siempre.
No es nuevo.

Y llega, azulada,
la sombra.
El cuerno.
El bufido del rinoceronte.


(Versión 2) 

Todos se han ido.  
El patio, quieto,  
como tapa de piano cerrada, 
respira bajo su piel ocre, cuarteada. 

Un hipopótamo duerme. 
No hay culpa.  Duerme.
No habla el futuro,
solo avanza solo, 
como un rinoceronte
hundiendo su peso 
en el barro del tiempo.
Yo juego.
Me hundo.
Chapoteo en la ciénaga, 
esperando lo que no llega.
El patio fue risas. 
Ahora: ausencias.
Hipopótamo gris.
Piel endurecida por el sol.
¿Te cambiará el futuro?
¿Le crecerán las sombras?
Dicen que en sus ojos
tiembla el tiempo,
que te hace ver más allá
si escucha
la voz justa.
El patio, atento, 
respira su tierra seca.
No teme.
Espera.

Y llega, azulada,
la sombra
el cuerno
el bufido:

el rinoceronte.

 

© Versos de Arturo Joaquín

1 Comentario

  1. Justificación poética

    En este ejercicio he querido trazar un mapa de la espera y la transformación. Parto de la quietud de un patio y de la imagen de un hipopótamo dormido, que simboliza lo que permanece, el tiempo detenido. La voz poética intenta encontrar sentido en la ausencia, mientras el futuro se acerca, lento pero inevitable, como un rinoceronte que, al final, irrumpe y rompe la calma. Con ello hago un guiño a Eugène Ionesco que utiliza la metáfora del rinoceronte quien en 1959 para representar la deshumanización, el conformismo y el auge de los totalitarismos en la sociedad.
    Por otra parte he leído que Elizabeth Bishop había heredado de los metafísicos ingleses un ritmo llamado spring rhythm, que recuerda a la sobriedad de un acompañamiento de clavicordio. Me apeteció arriesgarme a trabajar también en una segunda versión del poema.

    Así que he probado con tres estructuras distintas para contar algo similar. La primera (versión 0) tiene un tono más narrativo, como un mapa que se despliega lentamente, ideal para una lectura pausada y reflexiva. La segunda (Versión 1) resulta de una poda drástica de la anterior. Y la tercera (Versión 2) con un ritmo entrecortado que imita el pulso irregular de una cuerda percutida. He intentado que sonara más íntima, como un pensamiento en voz baja.

    En todas ellas, la voz poética es la de alguien que observa y espera en un lugar suspendido, en contacto con la naturaleza y con el tiempo. El yo poético piensa en lo que falta, en lo que cambia, con los sentidos abiertos habitando esa tensión entre la quietud y el movimiento.

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