La lengua del glaciar se desmorona,
cristal y cal a la deriva.
Sobre el iceberg un cuervo.
No cierra los ojos el territorio
Inuit.
Entrega el aliento al hielo
sin rastro de lucha,
un cuerpo que cae es un trazo
esculpido en el paisaje.
El último cazador, puro frío,
aceptó el trueno.
Se fundió en la blanca pupila
del cuervo.
(Lectura de Nuria Marín)
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