Cede la raíz
se abre
al cóncavo vértigo.
La sed
blanquea
la mudez de humus,
calla el tambor
cruje la flauta. Regresa
su madera al bosque.
Última nota.
(Lectura de Nuria Marín)
Cede la raíz
se abre
al cóncavo vértigo.
La sed
blanquea
la mudez de humus,
calla el tambor
cruje la flauta. Regresa
su madera al bosque.
Última nota.
(Lectura de Nuria Marín)
Setecientas palabras llanas, fuera del imperio sajón. Setecientas voces que el tiempo labró en la piedra. Quizá alguien las pronunció una vez para que no fueran olvidadas. El verso guarda intacto su aroma y devuelve a Teresa la voz, esa antigua armonía secreta...
Fumaba, y las conversaciones se volvían brasas dormidas, en aquel cenicero. En mí. No fumo, ha vuelto el invierno y al caer la tarde mi tos conversa con aquella silla vacía. (Recrea los versos Manuel Fanjul)
La edad de ser poeta. Aquel cuaderno de bordes gastados, sucio de tinta y tacto, ajeno a la gran metáfora, pretende un nombre habitando un solo sitio. Su quietud hoy por hoy, es buena noticia. El verso verdadero hallará su puerto, lejos del tañido...
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