Inicio 9 Poemas 9 Carta para Arvo Pärt

Carta para Arvo Pärt

Publicado el 5 de septiembre de 2025

El pan de la mañana, Arvo, trajo migajas de plomo. 

El Dios que me desgarra el pecho no sabe de cenizas, 

solo del hondo abismo que a veces me nombra.

Tus campanas deberían ser de hielo. 

No hay mano que empuñe el cuchillo 

si la sangre se congela en las venas.

 

Y aun así, suenan. En la cocina

el café se enfría, un foso se abre, 

y sobre el mármol, escupe

lo que fue carne, un pan que ya no es pan.

 

Tu silencio es un arma, un corte limpio 

a través de este ruido que me asfixia. 

La palabra, entonces, es un martillo, 

y la paz, ese hueso que se quiebra al miedo.

 

No hay rezo que me salve. 

Solo el tintineo insistente de tu campana. 

Y la sangre, Arvo, la sangre 

solo un lodo espeso que busca un río.

 

Fdo. Anne Sexton

 

© Versos de Arturo Joaquín

1 Comentario

  1. Justificación poética

    Este poema se gestó en un cruce de caminos. Por un lado, la brutal sinceridad de Anne Sexton, esa poesía que te agarra y no te suelta. Por otro, el silencio doliente de Arvo Pärt, su música que es un susurro en la tormenta, especialmente su “Spiegel im Spiegel”, una pieza que parece hecha de aire y de lamentos.
    Se me ocurrió la idea, descabellada tal vez, de que se encontraran en una carta. Un diálogo imposible, póstumo, entre dos sensibilidades opuestas. Ella, que murió en 1974, con su grito desesperado. Él, que en 1978 compuso esa melodía que es casi una plegaria.
    ¿Y si se escribieran en este agosto de 2025? ¿Y si el eco de las guerras actuales, de los conflictos que nos asolan, resonara en esa correspondencia?
    Sería un choque de trenes. La poesía confesional de Sexton, cruda, sin filtros, contra el minimalismo sacro de Pärt, su música de espacios vacíos, de pausas que lo dicen todo. ¿Cómo se entenderían la furia de Anne y la serena resignación de Arvo? Sería un intercambio entre el caos que nos habita y la desesperada búsqueda de paz en un mundo en llamas.

    Responder

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Te puede interesar

El primer borrón

Escribir un poema es todavía este rastro espeso, oficio de dedos manchados e incertidumbre. Hay una dignidad casi animal en el trazo negro que no engaña. El gel tiembla en la libreta antes de ser geometría en la pantalla. No es solo tinta. Es el peso de un domingo por...

El sagrado vicio

Existe un lugar fuera de los mapas, un rincón de la memoria donde el tiempo se detiene. Alivio o condena saber que para volver debemos esperar, en el destierro, un país secreto que solo vive al cerrar los ojos. Al despertar en esta luz madura de la tarde, cuando el...

Setenta y seis años más un día

Va a ser ese día frío y chubascoso como el de César Vallejo en París. Ese día en que los taxistas  no den el cambio en monedas y que nuestro crédito  sea de plástico. Ese día en que los charcos no reflejen juegos de niños sino a las abuelas volando buscando los...