Farenheit 451
Tras la negrura y la herrumbre de esta ciudad, la luz se pudre al otro lado del horizonte, inalcanzable. Las calles son un cementerio de biografías que a nadie interesan, de vidas que fueron. Las ventanas han echado el cierre. No esperan el azar de una revuelta, solo...

¡Interesante concatenación!
Anónimo ¿eres Luis Enrique?
La llama
El búho ha apagado
las velas del cementerio.
El alba roba aceite a las farolas.
El frío detiene la primavera.
La ciudad bosteza en los charcos.
Todo sigue lo mismo.
Nada alumbra
al poeta camaleón.
Torpe destructor del yo
intenta construir
encima de toda intención.
La materia negra de lo cotidiano
espera y escucha
desde la ausencia pedirá paso
para alumbrar
la palabra que busca.