Las nubes se hacen ángeles.
Los paisajes, las ciudades, son estados de ánimo.
Nubes, paisajes y ciudades eluden el principio de la realidad.
Los poetas fundan lo que permanece,
lo sabía Hölderlin.
La teología es poesía.
Los ángeles se hacen cuerpo humano
tocan las trompetas
anuncian al verbo que se hará carne.
Tan semejantes los ángeles
tan singulares los demonios.
Unos por omisión pecan,
y los otros por aburrimiento.
La angustia del bien,
en la mudez o en el grito
danza con el libre albedrío.
Cristo, Alá y Buda
fijan sus ojos simples
en un verso luminoso jamás pensado.
El hilo de la perplejidad,
huye del texto revelado
recorre el invisible tapiz de mis sentidos
y enhebra las caras de una misma cosa,
la materia oscura de lo cotidiano
desde su mineral ausencia,
escucha y espera
la palabra que alumbra.
© 2022 versos de Arturo Joaquín

¡Interesante concatenación!
Anónimo ¿eres Luis Enrique?
La llama
El búho ha apagado
las velas del cementerio.
El alba roba aceite a las farolas.
El frío detiene la primavera.
La ciudad bosteza en los charcos.
Todo sigue lo mismo.
Nada alumbra
al poeta camaleón.
Torpe destructor del yo
intenta construir
encima de toda intención.
La materia negra de lo cotidiano
espera y escucha
desde la ausencia pedirá paso
para alumbrar
la palabra que busca.