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Romance

Publicado el 9 de julio de 2021

Mejor quedamos aquí, 

criando ortigas y malvas.

Esperando en nuestro día,

las flores recién cortadas.


Y cavamos nuestras tumbas

sin fatigas, muy callados

las azadas y el esfuerzo

nunca nos fueron extraños.


Vinieron a por nosotros,

y clareaba la mañana.

Entonces nos llovió plomo,

con las luces de aquél alba.


Permanecimos de pie

sin darles nunca la espalda,

firmes en esta cuneta

pisando la tierra hermana.


Lava de odio nos sepultó

en la contienda pasada.

Hasta hoy, cuando los nietos

desentierran nuestra causa.


Vinieron a por nosotros,

y clareaba la mañana.

Entonces nos llovió plomo,

con las luces de aquél alba.


Les hablan en silencio,

nuestros cráneos horadados,

y el sonajero que ocultó, 

en el cuenco de su mano.


¡Ojalá! sepan dejarnos aquí,

con esta tierra por sudario.

Aquí, donde al mirarnos. 

nos dimos el último abrazo.


Vinieron a por nosotros,

y clareaba la mañana.

Entonces nos llovió plomo,

con las luces de aquél alba.

Entonces nos llovió plomo,

con las luces de aquél alba.


Entonces nos llovió plomo,

con las luces de aquél alba.



 

Canción 

Mejor quedamos aquí, criando ortigas y malvas.

Esperando en nuestro día, las flores recién cortadas.


Vinieron a por nosotros,

clareaba la mañana.

Entonces llovió plomo,

con las luces del alba.


Quisimos estar de pie

sin dar nunca la espalda,

firmes en esta cuneta

pisando la tierra hermana.


Lava de odio nos sepultó

en una contienda pasada.

Hasta hoy, que los nietos

desentierran nuestra causa.


En silencio, les hablan

nuestros cráneos horadados

y el sonajero que ella ocultó, 

en el cuenco de la mano.


¡Ojalá! sepan dejarnos aquí.

¡Aquí! con este barro de sudario,

dónde mirándonos y maniatados

nos dimos el último abrazo.


Vinieron a por nosotros,

clareaba la mañana.

Entonces llovió plomo,

con las luces del alba.

 

         ©  2021 Texto de Arturo García

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