El eco de vuestro galope
suena sobre el suelo helado;
donde la tierra está yerma,
brota un bosque liberado.
Desde las estepas frías
sin descanso habéis llegado.
Vuestra sangre persevera
contra el tiempo y el daño.
Buscáis hierba entre cenizas,
de un ayer casi borrado:
otros pastos, ríos limpios,
un cielo no envenenado.
Esta tierra ya es vuestra,
nosotros la olvidamos;
ya no suenan las canciones
bajo el cielo estrellado.
Trotáis sobre roja herrumbre
por los restos del pasado,
entre torres de cemento
y de hierro abandonado.
Vuestro galope en Chernóbil
no necesita testigos:
donde calló nuestra especie,
vuelve a hablar el bosque antiguo.
(Leido por Paloma Saínz)
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