La Corte le borda hilos de plata.
Nadie pregunta por la tela.
Basta con el acuerdo.
El soberano avanza desnudo.
Todos ven el engaño.
Nadie dice nada.
El miedo
viste mejor que cualquier traje
(Lectura de Nuria Marín)
La Corte le borda hilos de plata.
Nadie pregunta por la tela.
Basta con el acuerdo.
El soberano avanza desnudo.
Todos ven el engaño.
Nadie dice nada.
El miedo
viste mejor que cualquier traje
(Lectura de Nuria Marín)
Setecientas palabras llanas, fuera del imperio sajón. Setecientas voces que el tiempo labró en la piedra. Quizá alguien las pronunció una vez para que no fueran olvidadas. El verso guarda intacto su aroma y devuelve a Teresa la voz, esa antigua armonía secreta...
Fumaba, y las conversaciones se volvían brasas dormidas, en aquel cenicero. En mí. No fumo, ha vuelto el invierno y al caer la tarde mi tos conversa con aquella silla vacía. (Recrea los versos Manuel Fanjul)
La edad de ser poeta. Aquel cuaderno de bordes gastados, sucio de tinta y tacto, ajeno a la gran metáfora, pretende un nombre habitando un solo sitio. Su quietud hoy por hoy, es buena noticia. El verso verdadero hallará su puerto, lejos del tañido...
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