Escribir un poema es todavía este rastro espeso, oficio de dedos manchados e incertidumbre. Hay una dignidad casi animal en el trazo negro que no engaña. El gel tiembla en la libreta antes de ser geometría en la pantalla. No es solo tinta. Es el peso de un domingo por la tarde, hace ya tanto, cuando el lunes crujía al fondo de las horas y tocaba llenar el cuaderno de deberes. La urgencia limpia que tenía la pluma, el miedo al borrón que lo cambiaba todo, regresa ahora con este trazo. El gel fluye con la lentitud con la que aquel niño buscaba las palabras. Luego vendrá el teclado y su orden frío, pero la poesía, como la vida, se queda siempre en el primer borrón. (Versos de Arturo Joaquín)
El oficio de resistir
Existe un lugar que no figura en los mapas, un rincón de la memoria donde se agita el tiempo. Alivio o condena de saber que para volver hay que esperar, al fin, con la certeza de sabernos extranjeros en un país secreto que solo existe cuando cerramos los ojos. Y sin...
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