Cuando vuelvo al Avellanu
Cuando vuelvo al Avellanu, trai´l monte olor a madre, nel ríu ya canta’l tiempu dexáu per outros llugares. El pañuelu que me disti, entá guarda tos sospiros, arrodíllense na ermita los años que nenos fuimos. Ay, Virgen del Avellanu lluz de los que van y vienen, guárdame dientro’l pechu, esi amor que nunca morre. Los vecinos tán bailando, al son de gaita y tambor, tráigoles, nos mios güeyos la sombra d´aquel color. Yá nun soi quien se marchaba, soi quien vuelve y yá conoce cada piedra del camín onde l’alma nun s’esconde. Ay, Virgen del Avellanu lluz de los que van y vienen, guárdame dientro’l pechu esi amor que nunca morre. © Versos de Arturo Jaoquín
Cuando vuelvo al Avellano
Cuando vuelvo al Avellano,
trae el monte olor a madre;
en el río ya canta el tiempo
dejado por otros lugares.
El pañuelo que me diste
aún guarda tus suspiros;
se arrodillan en la ermita
los años que fuimos niños.
Ay, Virgen del Avellano,
luz de los que van y vienen,
guárdame dentro del pecho
ese amor que nunca muere.
Los vecinos están bailando,
al son de gaita y tambor;
les traigo, en mis ojos,
la sombra de aquel recuerdo.
Ya no soy quien se marchaba,
soy quien vuelve y ya conoce
cada piedra del camino
donde el alma no se esconde.
Ay, Virgen del Avellano,
luz de los que van y vienen,
guárdame dentro del pecho
ese amor que nunca muere.
Este ejercicio corresponde al Tema 12_Palabras desencadenadas. En él se propone explorar cómo cambia un poema cuando pasa por el filtro de otra lengua.
Creo que esta exploración tiene que ver con la idea de que, al cambiar de idioma, las palabras pueden revelar nuevos significados o hacer visibles resonancias ocultas.
Para ello, partí de la escritura de un poema en fala, una variedad lingüística que se habla entre los ríos Eo y Navia, en el occidente asturiano, y que representa una transición entre el gallegoportugués y el asturleonés.
Al traducir el poema de la fala al castellano, ya se produce una primera transformación: algunas palabras pierden su musicalidad o parte de su carga afectiva. Expresiones como nel ríu, trai’l monte o güeyos son marcadores culturales muy potentes que, al pasar al castellano, se suavizan o incluso se diluyen.
Me centro en cómo este paso de la fala occidental (como la de Cangas del Narcea lugar donde aparece el topónimo Avellanu) al castellano implica pérdidas, pero también abre nuevas posibilidades. Al final, siempre se trata de poder elegir, y tengo presente que:
-Se pierde oralidad y musicalidad. El castellano normativo tiende a alisar el lenguaje, mientras que la fala conserva la textura de la voz hablada, más cercana y más sentida.
-Se transforman las relaciones afectivas. El tú en la fala suena más directo más cálido. En castellano, esa cercanía se vuelve más literaria o más impersonal.
-Se desplaza la identidad. El yo poético en la fala pertenece al lugar, habla desde un lenguaje que también es su casa. En castellano, esa pertenencia se difumina.
.Las palabras se desencadenan. Al soltarse de su contexto cultural, entran en otro ámbito de sentido más amplio pero también más abstracto.
Baste como ejemplo una imagen que se transforma:
Fala: “tráigoles, nos mios güeyos / la sombra d´aquel color.” “Tráigoles” (forma afectiva), “güeyos” (ojos), y “la sombra d’aquel color” (una imagen que juega con el recuerdo visual, casi impresionista).
Castellano: “les traigo, en mis ojos, / la sombra de aquel color.”
Aunque la imagen se conserva, se pierde el eco sonoro, la carga arcaica y poética de la fala asturiana. Todo se vuelve más abstracto.
Y si, además, la fala fue el habla de tu padre y abuelos, como es mi caso, entonces este trabajo no solo es un ejercicio literario: también es un acto íntimo de memoria y pertenencia.