Palabras de Arturo Joaquín
“Para mayores de cuarenta y menores acompañados”
Arturo Joaquín
Farenheit 451
Tras la negrura y la herrumbre de esta ciudad, la luz se pudre al otro lado del horizonte, inalcanzable. Las calles son un cementerio de biografías que a nadie interesan, de vidas que fueron. Las...
Carta a un cronopio
Carta a un Cronopio de Sangre Leopoldo, Leopoldo María, joven y eterno difunto: Me llega, al fin, tu silencio definitivo, el que ya no es pose ni teatro, el que no necesita cocacolas ni barrotes...
Cuerpo sin sombra
Huyo de la piel que se deshace mi cuerpo es un festín de llagas una verdad sin sepulcro. La herrumbre de la armadura como el viejo desecho de Dios. Una lápida sin fecha que no conoce la...
La farsa de Arthur Lowell
El quirófano apestaba a desinfectante y a miedo. Allí estaba yo, Arthur Lowell de setenta años en una bata que se abría por detrás. El joven enfermero me miró con lástima mientras...
Carta para Arvo Pärt
El pan de la mañana, Arvo, trajo migajas de plomo. El Dios que me desgarra el pecho no sabe de cenizas, solo del hondo abismo que a veces me nombra. Tus campanas deberían ser de hielo. No hay...
Cuento sin hada
No me busques en el jardín. El cristal es una mentira frágil. Mi piel no tiene rastro de nieve. Soy el hambre, el fango que sube. La bruja no me dio su manzana. La encontré caída de un...
Lugares y objetos
Sin decir palabra (A Dersu Uzala y a Juan Carlos del Campo) El día comienza los cazadores regresan en descenso: tres figuras dobladas como puntos y coma, sus perros resignados no traen nada. El humo...
Habitando el trabajo ajeno
Larvas Que no vinieron se abrieron desde la carne. Un roce, o una pérdida. Respiraba como un vidrio quebrado bajo la lengua. Un nudo dormido entre dientes. La piel no cierra. No, desde entonces....
Tankas enhebrando el ayer
Te vistes de pena y vistes al mundo. Cosiste mi ayer con hilos de nubes. y ahora tejes los mios. Lo que fui es una sombra que acecha, y a veces me clava. su aguijón de nostalgia aunque...
Museo de las cosas que callan
He reunido, a ratos sueltos, como quien recoge lo que la lluvia no moja, miniaturas de animales mudos. Un facóquero sin colmillos sueña con barro sin filo, con guerra sin dientes. Dos cebras...




