I. Llanto
El niño que fui era llorón, buscaba lágrimas para gastar el miedo, para aclarar la luz de la mirada y devolver al agua la sal que le sobraba.
II. Muro
Años de arena entre los labios, palabras como piedras lanzadas a un pozo seco. Idioma de portazos herencia del silencio. Tú estabas cerca, a mil ciudades.
III. Máscara
Me disfracé de pirueta. Fui el ocurrente, el payaso, el que tapaba el miedo con un chiste. Amarga técnica: para hacer reír a todos por dentro se caía el techo.
IV. Orilla
Pasaste como la luz sobre la espuma. Quise rozar tus dedos; tu rumbo llevaba otra marea. Acepto mi rincón en esta playa: iluminas las olas que no toco.
V. Sombra
El perro no corrió al llamarlo. Estaba rígido en el jardín. La vida es un hilo que se corta sin pedir permiso. La muerte no busca; es la marea baja que regresa.
VI. Espejo
Miro mis manos,
las arrugas del cuello,
la fatiga en las rodillas.
No me da pena ver cómo me rompo.
La madera vieja es la que arde
con el fuego más vivo.
VII. Eco
¿Dónde quedaron los veranos, las bicicletas sin destino, los libros abiertos en el césped? Todo pasó como una bandada de pájaros. Hoy en los bolsillos solo guardo sus plumas.
VIII. Tregua
Cargué a la espalda de mis padres mis naufragios, mis dudas. Ahora con su edad comprendo su silencio. Me enseñaron que vivir es un oficio a ciegas.
IX. Raíces
Regreso al pueblo. Las paredes ya no son altas, el huerto es un espacio abandonado. La memoria agranda las estancias esculpidas en polvo. X. Peso Hubo un tiempo de acumular anhelos y vanidades. ¡Qué peso inútil para el viaje! Hoy me basta esta ventana. Ver cómo se esconde el sol detrás de las casas.
XI. Marea
No me asusta el fin del calendario. He vivido los días con su peso. He sonreído, he fracasado. Cuando la noche llegue a mi ventana, la recibiré atento, como quien abre a un conocido.
XII. Olas
Aquí termina lo que fui. El llanto. La distancia. El deseo y el olvido. La memoria es el mar. Los recuerdos, la resaca. Queda la arena blanca. Queda el aire. Versos de Arturo Joaquín
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