Carta a un Cronopio de Sangre Leopoldo, Leopoldo María, joven y eterno difunto: Me llega, al fin, tu silencio definitivo, el que ya no es pose ni teatro, el que no necesita cocacolas ni barrotes para ser real. Acá, donde la muerte es solo otra forma de perder las...
Huyo de la piel que se deshace mi cuerpo es un festín de llagas una verdad sin sepulcro. La herrumbre de la armadura como el viejo desecho de Dios. Una lápida sin fecha que no conoce la mosca voladora sobre el inútil glande de Ezra Pound. Soy la rata...
El quirófano apestaba a desinfectante y a miedo. Allí estaba yo, Arthur Lowell de setenta años en una bata que se abría por detrás. El joven enfermero me miró con lástima mientras tanteaba con la aguja. La anestesista fingió interés ¿Por qué? ¿Por qué...
El pan de la mañana, Arvo, trajo migajas de plomo. El Dios que me desgarra el pecho no sabe de cenizas, solo del hondo abismo que a veces me nombra. Tus campanas deberían ser de hielo. No hay mano que empuñe el cuchillo si la sangre se congela en las venas. ...
No me busques en el jardín. El cristal es una mentira frágil. Mi piel no tiene rastro de nieve. Soy el hambre, el fango que sube. La bruja no me dio su manzana. La encontré caída de un árbol sin nombre, y en su silencio, la mordí. En el fondo, en...
Sin decir palabra (A Dersu Uzala y a Juan Carlos del Campo) El día comienza los cazadores regresan en descenso: tres figuras dobladas como puntos y coma, sus perros resignados no traen nada. El humo se curva sobre los tejados como si recordara otro idioma. Abajo en el...